
El texto hace alusión al estado de los líquidos y los sólidos y como esta se puede prestar para definir los diferentes tipos de modernidad que hemos vivido. Se habla de que en la modernidad, el tiempo tiene historia, gracias a su “capacidad de contención” que se amplía permanentemente[1], y que el acceso a los diferentes medios de movilidad hace que esta llegue a ser un instrumento de dominación, y se distinguen cinco tipos de modernidad para estos casos: La modernidad pesada; la modernidad liviana; la modernidad sólida, donde se plantea una época de compromiso y duración eterna; la modernidad fluida, donde empieza el “descompromiso” y como lo dice su nombre, la fluidez de las dinámicas; y finalmente la modernidad líquida, donde el ser dominante es aquel que tiene libertad de movimiento y donde el tamaño ya no es lo más relevante y se maneja a fondo el “corto plazo”.
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